España más protagonista en una Europa más fuerte

España más protagonista en una Europa más fuerte

Las elecciones europeas deberían constituir un punto de inflexión en la construcción de la Unión Europea para seguir avanzando en el proceso de integración y en el modelo de gobernanza. Estamos ante una buena oportunidad para hacer memoria y reflexionar sobre cómo los europeos debemos preparar nuestro futuro común. También, por supuesto, sobre cuál debe ser el papel que los españoles tenemos que trabajar para ese futuro.

Durante los últimos sesenta años, la UE se ha convertido en un elemento esencial del orden liberal internacional garantizando la paz, la libertad y la prosperidad. Gracias a la democracia, el respeto al Estado de Derecho, al libre mercado, la cohesión social, la solidaridad o la diversidad cultural -todo ello reforzado por la integración económica, política e institucional-, el continente europeo es hoy uno de los mejores lugares del mundo para que los ciudadanos desarrollen su proyecto vital.

La Unión Europea constituye una de las principales áreas socioeconómicas a nivel global. No sólo su renta per cápita ha experimentado un avance de un 80,2% desde 1980, sino que también ha permitido desarrollar, como elemento diferenciador y de cohesión, el Estado de Bienestar, que representa un 50% del gasto social mundial, con un 7% de la población y un 22,1% del PIB.

En el caso de España, por ejemplo, nuestra adhesión a la Unión Europea en 1986 supuso un hito fundamental para nuestro sistema de libertades y un progreso económico con un significativo avance de la renta per cápita en términos reales de un 81,5% y un aumento de la apertura al exterior mediante un incremento de las exportaciones de bienes y servicios desde un modesto 17,4% del PIB hasta un más aceptable 34,3% en 2018.

Pero estos avances económicos y sociales se han llegado a poner en entredicho con motivo de la gran crisis económica iniciada en 2008. Y, aunque en la Unión Europea hemos recuperado ya el nivel de riqueza de entonces, el descontento y el escepticismo se han adueñado de una parte de la ciudadanía, dando lugar al avance de populismos y movimientos, como en el caso del Brexit que pueden condicionar negativamente el desarrollo futuro del proyecto europeo y, con ello, iniciar un retroceso involucionista.

Junto a estos riesgos internos nos enfrentamos a amenazas externas como son el sorprendente giro aislacionista de la política exterior y comercial de Estados Unidos, el creciente poder económico y tecnológico de China, la posición desestabilizadora de Rusia, el desafío demográfico en África, la desinformación general, el cambio climático, o las consecuencias geopolíticas de la fracasada "Primavera árabe", en un momento en el que, una vez más, el conflicto en la zona deviene la amenaza más importante para el mundo.

Nos encontramos ante un escenario en plena transformación, más multipolar, multicultural y fragmentado, en el que los europeos hemos perdido peso económico frente a los países emergentes que ya representan actualmente el 59,2% del PIB global. En este contexto, algunos ciudadanos europeos desconfían de que las instituciones europeas y nacionales sean capaces de cooperar para reformular, avanzar en el proyecto europeo y así dar respuesta a los desafíos socioeconómicos, recuperar protagonismo ideológico y tecnológico fortaleciendo, con ello, nuestra posición geopolítica en el nuevo escenario global.

Es necesario que los estados miembros y las instituciones comunitarias sean capaces de recuperar el protagonismo político y aprueben una agenda de reformas común para relanzar la Europa social, impulsando la productividad, la innovación y el desarrollo empresarial. Ello requiere de un presupuesto común que apoye el desarrollo de políticas de empleo, educación y formación continua, de transición energética y medioambiental y de transformación digital. Al mismo tiempo, la UE debe desarrollar una estrategia común en áreas como la Unión Económica y Monetaria, política migratoria y de asilo, espacio Schengen, seguridad, defensa y política exterior, entre otras.

En el Círculo de Empresarios creemos que, más allá del resultado final del Brexit, España debe incorporarse, en un momento histórico tan decisivo, al grupo de países que lidere el diseño y la toma de decisiones de la Europa del futuro. Esto sólo será posible si, entre los principales partidos políticos españoles se logran alcanzar los acuerdos básicos que permitan apoyar una mayor integración europea basada en la cooperación, la solidaridad y la generosidad.

Con el reciente documento Europeas: unas elecciones que sí importan, hemos querido contribuir a revitalizar la construcción del proyecto europeo y reforzar nuestra posición en el seno de la UE. Para ello, hemos propuesto una serie de medidas que contribuyan a la defensa común de los principios fundamentales del mercado común, como son la libre circulación de personas, bienes, servicios y capitales, base de la construcción de una Unión Europea. Para ello es necesario consolidar la Unión Económica y Monetaria y, con ello, un presupuesto y sistema de financiación común para la misma.

Animamos a impulsar un marco educativo y de formación continua europeo que facilite la adaptación del capital humano a las nuevas necesidades del mercado laboral, especialmente ante las oportunidades que abre la digitalización. Y para aprovechar las oportunidades que esta transformación digital ofrece, debemos diseñar una agenda común y avanzar coordinados en materia de ciberseguridad y protección de activos digitales.

Resulta fundamental profundizar en la integración económica, especialmente con las Uniones Fiscal y Bancaria, para fortalecer el sistema financiero y relanzar la productividad y competitividad europeas que se beneficien de un mercado de capitales potente que permita la financiación sólida y a largo plazo igualando el de otras áreas globales competidoras. Necesitamos marco regulatorio y financiero estable y competitivo para poder desarrollar una estrategia común de promoción y atracción de inversiones, de emprendimiento, innovación y talento, y de apoyo a la I+D+i para incrementar la competitividad de las empresas europeas en un mundo global en el que otras áreas económicas están cobrando ventajas.

Cuestiones como la lucha contra el cambio climático exigen de una transición energética coordinada y eficiente que garantice la sostenibilidad medioambiental, fomente la innovación y genere empleo y oportunidades de negocio, sin penalizar la competitividad de la economía europea. Y una política industrial común permitirá la adaptación de las empresas europeas al cambio tecnológico y a la aparición de una nueva estructura competidora empresarial global liderada por China y otras economías emergentes.

Y como España y la Unión Europea se componen esencialmente de personas, no podemos olvidarnos de estas, y menos aún de aquellas que se encuentran en una posición de mayor vulnerabilidad deseando buscar entre nosotros un futuro al que también tienen derecho. Por eso debemos diseñar una coordinada política migratoria y de flujos de refugiados. Porque la Europa que queremos es una Europa solidaria y abierta a quienes deseen compartir y respetar nuestro modo de vida. Solo con esto conseguiremos incorporar al proyecto europeo a las nuevas generaciones con la misma ilusión con la que muchos de nosotros lo hicimos hace 41 años.

Es importante votar. Cuando el nuevo Parlamento Europeo se constituya, el juego de sillas musicales empezará para los puestos más importantes: presidencia del Parlamento, Comisión y Consejo Europeos. También para la sustitución de Mario Draghi al frente del BCE a partir del 31 de octubre. Las encuestas y proyecciones a día de hoy no son tranquilizadoras para los que apoyamos una Unión Europea más consolidada, garantía de nuestra soberanía futura en un mundo global enfrentado en bloques.

*Juan María Nin es conferenciante de Thinking Heads y presidente del Grupo de Trabajo de Economía y Unión Europea del Círculo de Empresarios. Miembro del equipo negociador España-Mercado Común 1978. Autor de 'Por un crecimiento racional'.

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