La tormenta de estímulos del BCE agita los mercados

La tormenta de estímulos del BCE agita los mercados

Aterrizaba el avión en la ciudad que acoge la sede del Banco Central Europeo (BCE) y el comandante ya presagiaba lo que estaba por venir. "Hoy hace un buen día en Fráncfort, pero se espera una tormenta a lo largo de la tarde", advirtió.

Y vaya que si llegaría. Sobre Fráncfort apenas cayeron unas pocas gotas de lluvia, nada fuera de lo normal para la ciudad alemana en estas fechas, pero la tormenta vendría por otro lado. A las 14:30 horas, Mario Draghi, presidente del BCE, desató un ciclón de estímulos monetarios (ver información adjunta) llamados a cortar de raíz la desaceleración cada vez más intensa que azota a la zona euro y que amenaza con poner fin a la actual fase expansiva.

El BCE anunció tipos de interés bajos por más tiempo, nuevos macropréstamos a la banca en condiciones ventajosas y una extensión de la barra libre de liquidez en lo que se consideró todo un órdago del banco central ante la delicada situación económica.

Muchos expertos esperaban ayer un gesto hacia el anuncio de la nueva ronda de préstamos al sector financiero, pero Draghi decidió sacar toda la artillería que le quedaba al banco central tras muchos años de políticas monetarias expansivas. Es cierto, eso sí, que sólo con un gran despliegue de recursos se podía revertir el jarro de agua fría que iba a suponer rebajar las proyecciones de crecimiento de este año en la zona euro en nada menos que seis décimas.

Aunque ni siquiera eso fue suficiente de cara a los mercados, donde bancos y empresas cíclicas sufrieron un duro varapalo.Principalmente porque el escenario pintado fue mucho más sombrío de lo que se esperaba y porque el propio presidente del BCE reconoció su incapacidad para revertir la situación. Draghi señaló que la política monetaria es incapaz de abordar cuestiones internacionales como el frenazo del comercio global que ha supuesto las tensiones entre Estados Unidos y China.

A diferencia de en ocasiones anteriores, esta vez que el BCE haga "todo lo necesario", podría no ser suficiente y eso, viendo los precedentes en los que la zona euro ha tenido que enfrentarse a un contexto económico difícil sin el suficiente apoyo de su banco central, lleva al miedo.

Draghi recordó que las probabilidades de una recesión son muy bajas, pero la tensión ya había calado. El propio presidente del BCE señaló que "en habitaciones oscuras [en relación a la elevada incertidumbre internacional] se deben dar pasos pequeños, no correr", pero la sensibilidad de los datos macroeconómicos publicados y la batería de estímulos anunciada indicaban todo lo contrario. Draghi no sólo parece no haber optado por dar pasos pequeños, sino que parece haber tratado de salir de la incómoda zona de la desaceleración progresiva del crecimiento a ritmo de sprint, lo que puede haber ayudado a magnificar, al menos en un primer momento, los temores y la sensación de urgencia.

Y a eso se le suma que ni siquiera en la tormenta de estímulos que el BCE desató ayer llueve a gusto de todos. Los bancos, que esperaban su nueva ronda de liquidez, se encontraron con una extensión de la tasa de depósito en tipos negativos, como mínimo, hasta 2020 y con el comentario de que algunos miembros del consejo de Gobierno querían posponer la subida hasta marzo del año que viene.

La banca ha visto golpeada su rentabilidad durante por el entorno de tipos en mínimos esperando que la recuperación llegara a la economía real y se normalizase la situación. Pero lo que parecía cuestión de paciencia puede requerir algo más ahora que este contexto no tiene visos de cambiar en el corto plazo. El miedo a que el dinero barato se perpetúe, como ocurre en Japón, acecha.

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