¿Cómo afectará el vacilante liderazgo estadounidense al comercio mundial?

¿Cómo afectará el vacilante liderazgo estadounidense al comercio mundial?
Se avecinan más acuerdos comerciales de los que EEUU, la voz dominante en el comercio durante más de 70 años, estará excluido. Tras la conclusión de la cumbre del G-20 el sábado pasado, se ha hablado mucho sobre el aislamiento de Donald Trump y la pérdida del liderazgo estadounidense. Así, vale la pena analizar qué implicaciones podría tener para el futuro de los negocios globales. La respuesta se encuentra principalmente en el mundo del comercio y en qué países terminarán estableciendo las reglas de comercio globales. La semana pasada vimos un destello de un posible futuro cuando la UE y Japón alcanzaron un "acuerdo político" sobre los contornos de un acuerdo comercial. Teniendo en cuenta que la Administración Trump consume todo su tiempo en los acuerdos existentes -ya sea la salida del Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) o la renegociación de otros, como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN)- en lugar de cerrar nuevos acuerdos, veremos muchos más ejemplos como el acuerdo entre la UE y Japón. Dicho de otra manera: se avecinan más acuerdos comerciales de los que EEUU, la voz dominante en el comercio durante más de 70 años, estará excluido. La lista ya es larga. China quiere concluir la Asociación Económica Global Regional con los 10 países miembros de la ASEAN y otros países como India y Japón para finales de este año. Nueva Zelanda anunció la semana pasada planes para negociar un acuerdo comercial con los cuatro miembros de la Alianza del Pacífico, el bloque favorable al comercio más avanzado de Latinoamérica. Un acuerdo entre la UE y Canadá entrará provisionalmente en vigor en septiembre. La UE, por su parte, está presionando para cerrar nuevos pactos con Australia y Mercosur, un bloque que incluye a Argentina y a Brasil, así como una actualización de un acuerdo existente con México. La Administración Trump tiene sus propios planes. Durante el fin de semana, el Trump elogió lo que dijo que sería un "gran, gran acuerdo" con el Reino Unido que se concretaría "muy, muy rápidamente" una vez que el Reino Unido salga de la UE. Funcionarios de su administración también han presionado para concretar un acuerdo con Tokio tras la salida de Trump del TPP, aunque las autoridades japonesas no tienen ninguna prisa. Esto apenas es el comienzo. En el caso del acuerdo entre la UE y Japón, la realidad es que todavía queda mucho por hacer (mi corazonada es que podría haber que esperar fácilmente hasta 2020 para que entre en vigor un acuerdo entre la UE y Japón). No obstante, es importante resaltar lo que aparece y no aparece en el acuerdo. Sobre todo porque Shinzo Abe, el primer ministro japonés, supuestamente aseguró a los líderes del G-20 que el pacto UE-Japón "será el modelo del orden económico del s.XXI". El corazón del acuerdo ha sido descrito como un gran intercambio de "queso por automóviles". En esencia, Japón ha acordado reducir las barreras a los productos agrícolas de la UE, como el queso y el vino, a cambio de que la UE elimine un arancel del 10% sobre los automóviles importados de Japón durante siete años. La descripción es reduccionista y ligeramente injusta. Tokio también ha acordado reducir muchas de las barreras no arancelarias que hacen que los coches importados europeos sean más difíciles de comprar en Japón que los fabricados localmente. Si todo marcha según los planes, los consumidores japoneses comprarán más automóviles BMW (y quesos Gouda y vinos de Burdeos), aunque los europeos compren más coches Toyota (y posiblemente menos vehículos Ford). Pero el plan es también reforzar el papel de los estándares regulatorios europeos y japoneses en la economía global. Y eso debería generar sospecha entre los negocios que no son ni europeos ni japoneses. Dos áreas que aún no se han resuelto explican por qué podría suponer una preocupación. La primera es la protección de la inversión. En los últimos años se ha producido una reacción contra los poco transparentes comités de arbitraje autorizados por muchos tratados de inversión para encargarse de resolver las disputas entre países e inversores extranjeros. Por ello, la Comisión Europea decidió impulsar la creación de un tribunal internacional de inversiones. Japón todavía no está de acuerdo y aún no está claro si alguna vez lo estará; Canadá optó por no aceptar la cláusula en su reciente pacto con la UE. Pero si Tokio llega a estar de acuerdo, afectará a cualquier futuro acuerdo comercial de la UE, incluido con EEUU, y anunciará el probable fin de un sistema que los grupos empresariales mundiales han defendido durante décadas. La segunda preocupación concierne a los flujos de datos. Los datos se han convertido en uno de los principales motores de la economía del siglo XXI. No sólo la información que se transfiere a los teléfonos inteligentes desde "la nube"; los datos son también los nuevos contenedores de carga. En la actualidad, las instrucciones para productos que antes eran transportados por barco o avión se envían ahora por correo electrónico a impresoras 3D en regiones lejanas. La garantía de la libre circulación de datos es algo que debe abordarse en los acuerdos comerciales modernos. Si se bloquean los datos en la frontera no sólo se bloquea la información sino los bienes industriales del futuro. En una breve declaración conjunta que acompañó el anuncio de la semana pasada, la UE y Japón se centraron en la libre circulación de la información, llamándola un "principio fundamental". También mencionaron la importancia de proteger la información personal y el respeto de la privacidad, lo que podría abrir la puerta a posibles obstáculos al comercio digital, tales como las reglas que exigen que los servidores se encuentren dentro de los países. En ninguna parte reconocieron que los datos juegan un papel más amplio. Esto contrasta con las reglas cuasi universales sobre el libre flujo de datos que Japón acordó con EEUU durante las negociaciones del TPP. Y, por lo tanto, ofrece una visión diferente del futuro de la economía global que la que EEUU impulsó en un pasado muy reciente. El liderazgo tiene privilegios. Perderlo tiene consecuencias. Cualquier negocio que en las últimas décadas haya dependido de un EEUU a la vanguardia de la economía mundial debería entenderlo.