Un océano dominado por las arrugas

Un océano dominado por las arrugas
En el rostro de un viejo marinero cada surco en la piel ha sido forjado por el sol y el salitre, por cada milla devorada durante décadas en mitad de la nada. En navegación, las arrugas no delatan declive, sino experiencia. Y la experiencia en la relación del hombre y el mar lleva en muchos casos al éxito. Da igual si se trata de una regata entre boyas o de un desafío tan colosal como una circunnavegación al planeta; la vela permite protagonizar hazañas y tumbar rivales a edades en las que muchos terrícolas optan por una jubilación sosegada. Hay un sinfín de relatos de lobos de mar, de navegantes veteranos que han escrito episodios épicos o que simplemente siguen disfrutando con aquello que aman. Recopilamos 12 historias de otros tantos viejos rockeros del océano. Si sumamos la edad que tenía cada uno de ellos en el momento de sus singladuras, obtenemos 847 primaveras. JEAN-LUC VAN DEN HEEDE: 73 años [Foto: Van den Heede, tras ganar la Golden Globe. | Christophe Favreau / PPL / GGR] El último en demostrar que el océano no entiende de edades ha sido Jean-Luc van den Heede (Amiens, Francia, 1945). A finales de enero y a sus 73 años, el patrón francés se impuso en la Golden Globe Race 2018, regata que pretende emular la primera vuelta al mundo en solitario y sin escalas, utilizando los mismos ingredientes tecnológicos con los que Sir Robin Knox-Johnston se convirtió en leyenda hace 50 años. Sin usar GPS ni sofisticados softwares para predecir la meteorología, Van den Heede trazó el rumbo hacia la victoria a la vieja usanza: a golpe de sextante, reloj, compás, cartas náuticas y barómetro. Desde el momento de dejar por babor el primero de los tres grandes cabos (Buena Esperanza, Sudáfrica), el patrón del Matmut dio una lección táctica, marcando una distancia descomunal respecto a sus inmediatos perseguidores. Ni siquiera los vientos más violentos del Pacífico Sur, que a punto estuvieron de destrozar su velero, pudieron tumbar al irreductible galo, que supo apañar los desperfectos en el aparejo para mantener en pie el mástil hasta cruzar la línea de meta después de 212 días de navegación ininterrumpida. VDH, como se le conoce en los pantalanes, derrotó a Sir Robin Knox-Johnston por partida doble. Por un lado, tardó 100 días menos que el británico, quien en 1969 circunnavegó el planeta en 312 días para convertirse en el primer hombre en completar la primera vuelta al mundo en solitario y sin escalas. Sir Robin también ostentó el récord de ser el navegante más viejo en acabar una regata de vuelta al mundo (la Velux 5 Oceans 2006/2007, con 68 años). Jean-Luc lo ha hecho ahora con cinco años más que el gran pionero, superando además al japonés Minoru Saito, quien en 2005 recorrió el globo con 71 años. JOSÉ LUIS DE UGARTE: 64 años Es el pionero español en la vela oceánica en solitario. José Luis Ugarte (Las Arenas, 1928) creció enredado en redes de pescador y marinos mercantes. Tras un largo servicio militar en la fragata Martín Alonso Pinzón, estudió Náutica. En la década de los 60, se marchó a Liverpool para trabajar como proveedor de efectos navales y en los 70, se ganó la vida en mercantes españoles y británicos. Con sus primeros ahorros, compró un velero destartalado y volvió a casa. Navegando solo. El vasco, fallecido en 2008, se estrenó tarde como navegante oceánico. Debutó en competición en 1979, a los 50 años, con un segundo puesto en la regata Azab y, un año después, participó en la Ostar. Ya en 1990, disputó la BOC Challenge, la regata más importante de vuelta al mundo en solitario con escalas, finalizando en novena posición. Pero fue en la Vendée Globe 1992/93 donde el arenero entró a formar parte de la historia de la vela. A bordo del Euskadi Europa 93, De Ugarte completó la vuelta al mundo en solitario y sin escalas en 135 días. Con 64 años, se convirtió en el navegante de mayor edad en circunnavegar el planeta en la más estricta soledad, así como en el primer español que acabó la regata. Tuvieron que pasar 24 años para encontrar otros regatistas que recogieran su testigo: en la Vendée Globe 2016/2017, el estadounidense Rich Wilson culminó la prueba con 66 años, mientras que el barcelonés Didac Costa también salió airoso de la batalla contra los océanos tras los intentos fallidos de Unai Basurko y Bubi Sansó. REY JUAN CARLOS: 79 años [Foto: Don Juan Carlos y Pedros Campos, a bordo del Bribón 6M. | L.R. Villar] También en las regatas de barlovento/sotavento, las que se disputan cerca de la costa, encontramos campeones veteranos. Juan Carlos I es uno de los ejemplos más recientes. En septiembre de 2017, el rey emérito, al mando del 'Bribón Movistar', se proclamó campeón del mundo de la clase 6 Metros en aguas de Vancouver (Canadá) junto a una tripulación estelar: Pedro Campos, Roi Álvarez, Alberto Viejo y Ross McDonald. A sus 79 años, había conquistado su primer título mundial, ampliando un palmarés brillante: seis trofeos de Copa del Rey (1984, 1985, 1993, 1994, 2000 y 2011), dos Sardinia Cup (2000 y 2004), 12 Copas de España, 11 trofeos Conde de Godó, una Copa de la Reina y tres Trofeos Príncipe de Asturias, así como una participación en los Juegos Olímpicos (Múnich 72). Don Juan Carlos se había retirado oficialmente de la vela de alta competición en 2011, a los 73 años y tras cuatro décadas ejerciendo de patrón del Bribón, una mítica saga de veleros armada por su amigo José Cusí. Sin embargo, su jubilación apenas duró cuatro años, ya que en 2015 volvió a navegar y a competir en aguas de Sanxenxo (Pontevedra), esta vez a bordo de un clase 6 Metros, un barco menos exigente que los últimos bribones de Cusí (de clase TP52). El rey emérito heredó la vocación por la navegación de su padre, quien anteriormente fue testigo de cómo Alfonso XIII se convertía en uno de los impulsores de la vela deportiva en España. El barco Saltillo, construido en 1932, fue donde Don Juan Carlos recibió sus primeras clases de navegación, si bien fue en el crucero de regatas Sirimi (clase Tumlaren), adquirido por Don Juan en 1947, donde el Rey pudo aplicar sus nociones de navegación en competición. FRANCIS JOYON: 62 años [Foto: Alexis Courcoux / RDR2018] Este cazador de récords oceánicos sexagenario es el actual poseedor del Trofeo Julio Verne, título que se concede a la tripulación que consigue ser la más rápida en dar la vuelta al mundo. Francis Joyon (Hanches, Francia, 1956) lo logró en 2017, con 61 años, a bordo del maxitrimarán Idec Sport y junto a cinco navegantes, entre los que se encontraba el español Alex Pella, después de una navegación vertiginosa de 40 días de duración, justo la mitad del tiempo empleado por el personaje Phileas Fogg en la novela La vuelta al mundo en 80 días. Además de ser el patrón 'vueltamundista' más rápido de todos los tiempos, este año acaba de batir el récord de la Ruta del Ron. Joyon logró su primer título de la regata transoceánica con 62 años y tras adelantar en la aproximación a meta a François Gabart a bordo de un Macif 'herido'. Con un registro de 7 días, 14 horas, 21 minutos y 47 segundos, batió el récord de la prueba después de una remontada espectacular frente al solitario más rápido del mundo. Joyon conquistó esta regata después de siete intentos. FRANCIS CHICHESTER: 65 años Discreto y sin pretensiones, Sir Francis Chichester (Barnstaple, Reino Unido, 1901) encarnaba el espíritu aventurero más auténtico. Antes de echarse al mar para escribir uno de los capítulos más gloriosos de la navegación, el inglés buscó protagonizar proezas en el cielo. Como piloto de avión, ya empleaba el sextante para orientarse, si bien fue en los océanos donde ese artilugio, y sobre todo su empeño en superar todos los obstáculos, le ayudó a convertirse en un mito. Chichester empezó a navegar cuando ya contaba con 52 primaveras. En 1960 y con 59 años, ganó su primera regata transatlántica en solitario tras 40 días de navegación entre Plymouth y Nueva York y con regatistas dos veces más jóvenes que él como contrincantes. Y con 65 años, fue el primer hombre que dio la vuelta al mundo navegando en solitario, de oeste a este y siguiendo la ruta de los clíperes y haciendo únicamente una escala en Australia. Nadie había conseguido hacer algo así antes. Zarpó de Plymouth (Inglaterra) el 27 de agosto de 1966 y no regresó al mismo puerto hasta el 28 de mayo del año siguiente. En total, recorrió más de 47.000 kilómetros en soledad a bordo de su Gipsy Moth IV. La épica travesía sirvió de inspiración para una legión de marineros que soñaban con emular al británico. Que estaba más pendiente de disfrutar de la aventura que de exprimir toda la velocidad de su embarcación lo demostró el 17 de septiembre de 1966, protagonizando ya la inédita vuelta al mundo. Ese día, Francis Chichester celebró tranquilamente su cumpleaños en pleno Atlántico, vestido de esmoquin y bebiendo champán, si bien su bebida preferida era el gintonic. JEANNE SOCRATES: 76 años Fuera de la alta competición encontramos muchos ejemplos de superación protagonizados por anónimos de todas las edades. Jeanne Socrates (Stepney, Inglaterra, 1942) es uno de ellos. La británica, de 76 años, lleva desde el pasado 3 de octubre tratando de dar la vuelta al mundo en solitario y sin escalas a bordo del velero de crucero 'Nereida'. Socrates confía en circunnavegar el planeta en siete u ocho meses. Por ahora, lleva más de cuatro meses en alta mar: tras soltar amarras en Victoria (Canadá), descendió por el Pacífico hasta Cabo de Hornos y entró en el Atlántico Sur, desde donde actualmente está tratando de aproximarse al Cabo de Buena Esperanza (Sudáfrica). Avanza a un ritmo lento, sin prisa alguna. De alcanzar el objetivo que persigue, se convertirá en en la persona de mayor edad que circunnavega el planeta sin hacer escalas, superando al japonés Minoru Saito (con 71 años empleó 233 días) e incluso al mismísimo Jean-Luc Van der Heede (73 años). Toda una proeza para una mujer que comenzó a navegar a mediados de la década de los 90, cuando ya superaba los 40. En 1997 ella y su marido George estrenaron su condición de prejubilados comprándose un velero Najad 361 al que llamaron Nereida y con el que surcaron las costas de Noruega, Dinamarca, Holanda, Inglaterra, Portugal, España y del Caribe. Una travesía de ensueño que, sin embargo, se tiñó de negro en 2003 al morir su esposo. Sin George, Jeanne decidió seguir descubriendo el mundo a través de los océanos por su cuenta. PAUL ELVSTROM: 60 años [Foto: Paul y Trine Elvstrom, navegando en clase Tornado en los 80. | elvstromsails.com] Fue el primer deportista que logró cuatro medallas de oro de forma consecutiva en los Juegos Olímpicos, introdujo métodos de entrenamiento y de navegación nunca antes vistos, inventó artilugios para sacar mayor rendimiento a las embarcaciones y hasta diseñó un barco de Copa América. Paul Elvstrom (Hellerup, Dinamarca, 1928) se presentó a sus primeros Juegos con apenas 20 años. El danés se preparaba a conciencia durante meses para cada regata, creando nuevos entrenamientos físicos en tierra y en el agua -que luego se consolidarían en el mundo de las regatas- y leía compulsivamente las reglas para hallar nuevas técnicas de navegación, un proceso muy alejado de la forma de prepararse para una regata en aquella época. Así ganó el oro en Londres 48 en clase Firefly y se convirtió de la noche a la mañana en un héroe en su país. También venció en Helsinki 1952, Melbourne 1956 y Roma 1960 en clase Finn y conquistó 11 títulos mundiales en siete clases diferentes -Finn, 505, Snipe, Flying Dutchman, 5.5 Metros, Star y Soling-. Siendo ya un cuarentón, su carrera deportiva parecía que había llegado a su fin tras no colgarse ninguna medalla en México 68 ni en Múnich 72. Sin embargo, ya en la década de los 80, el nórdico se vio seducido por los catamaranes Tornado y decidió probar fortuna con su hija Trine. Ambos se proclamaron campeones de Europa de la clase, lo que les valió para clasificarse para Los Angeles 84. En aguas estadounidenses, Paul y Trine Elvstrom finalizaron en cuarta posición, acariciando el bronce, siendo el primer y -hasta la fecha- único tándem padre/hijo que disputa unos Juegos Olímpicos. La pareja danesa repitió cuatro años más tarde en Seúl. Con 60 años y ocho citas olímpicas a sus espaldas, fue la última participación de Paul. JOSHUA SLOCUM: 51 años A finales del siglo XIX, muchos marineros ya habían dado la vuelta al mundo, pero nadie había osado hacerlo en solitario hasta que Joshua Slocum (Mount Hanley, Canadá, 1844) decidió llevar a cabo semejante empresa. Tenía 51 años (en aquella época la esperanza de vida media no superaba los 65 años) cuando este canadiense de nacimiento, pero de nacionalidad estadounidense, subió a bordo de un pequeño velero rumbo a lo desconocido. El viaje de Slocum despertó la fascinación por los océanos de varias generaciones de navegantes a través de los libros donde narra sus aventuras y desventuras lejos de tierra firme. Su obra más famosa, Sailing Alone Around the World (Navegando en solitario alrededor del mundo), relata las peripecias a bordo del 'Spray', una yola de apenas 11 metros de eslora, construida con el armazón de un viejo pesquero de ostras, con la que recorrió los océanos en soledad. Zarpó de Boston (Estados Unidos) el 24 de abril de 1895 y no regresó hasta el 27 de junio de 1897, cuando atracó en Newport, Rhode Island, después de un periplo de 46.000 millas náuticas que se prolongó durante tres años, dos meses y dos días. En total, hizo una treintena de escalas. Era un broche de oro a una vida de salitre, puesto que Slocum ya había viajado anteriormente por todos los océanos como marino mercante, amasando y perdiendo pequeñas fortunas a lo largo de su carrera profesional. El navegante desapareció en el mar cuando tenía 65 años y, cómo no, mientras disfrutaba a bordo de su amado 'Spray'. SVEN YRVIND: 79 años En 1968, Sven Yrvind (Gotemburgo, Suecia, 1939) se compró un barco de 12 metros con el que navegó desde su Suecia natal hasta Río de Janeiro. Nada más poner pie en tierra firme, espetó: "Un barco grande tiene problemas grandes, por eso nunca volveré a navegar en uno". Anteriormente, ya había recorrido las costas de Suecia, Noruega y Dinamarca con un velero de 4,75 metros de eslora que él mismo construyó, pero desde aquella travesía a Brasil, su obsesión por los microbarcos se desató, pasando jornadas de trabajo eternas en su astillero casero para dar forma a sus creaciones. En 1970, a los 31 años, construyó un diminuto velero de seis metros con el que volvió a enfrentarse a la dureza del mar del Norte y al Báltico en invierno. También alcanzó las Azores, la isla de Tristán de Cunha y la diminuta Santa Elena en el hemisferio Sur. Una década más tarde y con un barco aún más pequeño (5,90 metros), cruzó el mítico Cabo de Hornos en pleno invierno. Hubo que esperar a 2008 para volver a tener noticias de Sven. Ya con 69 años, comenzó a dar forma a un velero de 4,8 metros. Tras probarlo por el Báltico, en 2011 empleó 45 días en navegar la distancia que separa las islas portuguesas de Madeira y Martinica, una singladura que le sirvió para fijarse un objetivo descomunal: completar una vuelta al mundo. El año pasado, presentó su nueva creación, el Exlex (5,76 metros) y se dispuso a completar el recorrido entre Irlanda y Nueva Zelanda. Su aventura, sin embargo, se interrumpió dos meses después en Oporto debido a que el barco demostró ser demasiado lento, inestable y difícil de gobernar. Ahora, a punto de cumplir 80 años, está llevando a cabo mejoras en el 'Exlex'. Todavía barrunta ese viaje alrededor del mundo. JACINTO RODRÍGUEZ: 84 años [Rodríguez, a la rueda del Duende 52. | María Muiña] Jacinto Rodíguez (Barcelona, 1931) encarna la figura del armador adicto a las regatas. El catalán inició la saga de los Duende en la década de los 70 y desde entonces no ha dejado de medirse a la flor y nata de la vela nacional. De hecho, no se ha perdido ni una sola de las 37 ediciones de la Copa del Rey Mapfre. Rodríguez ama la navegación y por eso su presencia a bordo no se limita a los momentos de competición. Siempre transportó su barco de cara a participar la Copa del Rey. Hasta que, en 2015, sufrió un accidente que pudo costarle la vida en su aproximación a Palma. El armador y patrón del Duende 52, que entonces tenía 84 años, estaba dando instrucciones de arriar la vela mayor cuando, segundos más tarde, el barco trasluchó violentamente y la botavara golpeó al armador en la cabeza, lanzándolo por la borda. Inmediatamente después, la tripulación realizaba una maniobra de rescate y lanzaba un mayday. Salvamento Marítimo activaba al momento el dispositivo de búsqueda. Eran las 4:30 horas de la madrugada y el viento llegaba a asomarse con una intensidad de 36 nudos. A las 8:50 horas, cuatro horas y veinte minutos después de activarse el dispositivo, Jacinto Rodríguez fue localizado y rescatado por el helicóptero a unas nueve millas al norte de Dragonera. Una vez en tierra firme, el armador del Duende relató su larga espera en el agua: "Pensaba en sobrevivir y en hacer todo lo que pudiese por ello; ser positivo y pensar en que iba a poder salir y que no me había llegado la hora. A veces creía que no lo iba a poder contar, pero sabía que tenía que aguantar. ¡No había hecho testamento ni nada! ¡No puedo irme así en vacío! Me encuentro resucitado". SANTIAGO LANGE: 54 años La suya es la historia de una pasión capaz de superarlo todo: los obstáculos, el tiempo y hasta la más dura de las enfermedades. Fue uno de los grandes protagonistas de los Juegos Olímpicos de Río. A sus 54 años, Santi Lange (San Isidro, Argentina, 1961), que disputaba sus sextos Juegos y que ya contaba con dos bronces, se colgó la medalla de oro junto a su compañera Cecilia Carranza en la clase Nacra 17. Ni él pensaba en un final tan glorioso. Y más aún después de que en 2015 le diagnosticaran cáncer de pulmón -aunque nunca fumó, como siempre apostilla-. Entonces, Río de Janeiro desapareció de su agenda. "Durante seis meses me dediqué en exclusiva a mi enfermedad. Mi prioridad fue la salud y todo lo demás era irrelevante". Le extirparon un pulmón, le dijeron que todo había salido bien y a los 25 días ya estaba entrenando otra vez.. Aunque la recuperación no fue sencilla. Lange tuvo que habituarse a respirar con un pulmón menos, a dosificar los esfuerzos. "En las primeras regatas que hice no me sentí bien, no estaba en una buena forma física y no podía saber cómo iba a estar más adelante". Lange inició una carrera contra el tiempo para llegar en condiciones a los Juegos. Y no sólo consiguió estar en Río, sino que conquistó un oro que llevaba persiguiendo desde la década de los 80. "El único secreto es que amo lo que hago". ANGELA BESANA GAGLIARDI: 100 AÑOS La vela allunga la vita: ve lo conferma Angela, 100 anni suonati, timoniera alla VELA Cup! https://t.co/7YDTUPQLkd pic.twitter.com/JPAqZISdnQ? Giornale della Vela (@giornalevela) 14 de mayo de 2018 Dicen que navegar prolonga la vida. Y Angela Besana Gagliardi puede dar fe de ello. El pasado mes de mayo y con 100 años y cuatro meses de edad, participó en la Copa Vela de Santa Margherita (Génova, Italia) a bordo del Dufour 39 VizCaya de su yerno. Finalizó en la decimoquinta posición de la clasificación Crucero 4. Según relataba la propia regatista italiana en Giornale della Vela, su pasión por la navegación comenzó siendo niña porque sus abuelos eran de Como y solían navegar por el lago en lanchas a motor, mientras que sus padres tuvieron un velero que trataban de exprimirlo en cuanto disponían de algo de tiempo. Lleva, pues, casi 90 décadas disfrutando de la vela.